Guillermo González
Un gran artista plástico
Descubre la apasionante vida y obra del artista plástico Guillermo González, un hombre cuyo destino se tejió entre su ascendencia de madre mexicana, quien lo registra como González dejando fuera el apellido de su padre judío –Brandenstein– y su profundo amor por el arte. Nacido en 1929 en la Ciudad de México, González comenzó su viaje artístico como arquitecto, colaborando con el renombrado Mario J. Pani.
Sin embargo, su sed de expresión artística lo llevó a explorar el mundo del grabado y la pintura, donde descubrió su verdadera pasión. Desde su primera exposición en 1952, su talento se manifestó en obras que fusionaban geometrismo y drama monocromático, como se pudo apreciar en su emblemática serie “Viacrucis”.
Contrajo matrimonio en 1956 con Edna Hidalgo, y su vida se entrelazó con la ilustración humorística en el periódico “El Zócalo”, bajo el seudónimo de Samsa. Además, compartió su conocimiento como profesor en la Universidad Veracruzana de Xalapa, Veracruz, donde dejó una huella imborrable en la facultad de arquitectura durante cuatro años.
En 1961, regresó a la Ciudad de México y se embarcó en un proyecto único: la construcción de murales en alto y bajo relieve, así como mosaicos venecianos para escuelas primarias en diferentes estados de México, incluyendo Hidalgo, Durango y Aguascalientes. Su legado artístico se extendió incluso a la ciudad de Aguascalientes, donde diseñó la fachada del “Templo del Señor de los Rayos”.
En 1973, obras de la serie de grabados “Ella”, revelaron su habilidad para imprimir emoción en cada escena. La serie llamó la atención de notables figuras del arte, como el historiador Teddy Brunius, quien propuso exponerla en Upsala, Suecia, y se presentó en diferentes instancias culturales en Nuevo León, Jalisco y Puebla. En ese mismo año y durante la siguiente década, González creó las Grafías Narrativas, una serie de grabados en madera y linóleo que narraban historias sin necesidad de palabras, cautivando a amantes del arte en todo el mundo. Para finales de los 70 tras la ruptura con su primera esposa, González contrae matrimonio con Cielita Archundia, quien influenció en la última etapa de su producción artística.
A mediados de los años ochenta, González creó dos series más de sus Grafías Narrativas: “Peregrinación” (1984), que retrataba la búsqueda del hombre motivado por la fe, y “Richter 8.5” (1988), que abordaba los horrores vividos tras el sismo de 1985 en CDMX.
A lo largo de su vida, González también continuó pintando al óleo, aunque en menor cantidad, dejando una huella que reflejaba su evolución artística y su experiencia personal, marcada por el cuidado de Cielita, quien padeció Alzheimer.
Guillermo González decidió pasar sus últimos días junto a su familia y falleció en enero de 2013 tras enfrentar un cáncer.
